FASE DE PRE-PERFECCIONAMIENTO (13-16 años): afinar la técnica y consolidar la autonomía en la orientación.
Superada la etapa de desarrollo, en la que se asientan los fundamentos técnicos y la autoconfianza del joven orientador, comienza una fase en la que la precisión, la estrategia y la gestión del esfuerzo cobran un papel protagonista. Entre los 13 y los 16 años, el deportista deja de limitarse a aplicar técnicas básicas para empezar a tomar decisiones complejas, combinar recursos y ajustar su rendimiento a las exigencias del terreno y del mapa.
La brújula de dedo, la lectura detallada del relieve y la elección de ruta se convierten en aliados imprescindibles. La orientación ya no se reduce a seguir elementos visibles, sino que implica navegar con criterio, interpretar el espacio y anticipar los errores. En paralelo, se refuerza la capacidad de concentración, la memoria espacial y el control del ritmo, pilares para afrontar recorridos más largos y técnicamente exigentes.
Esta fase supone el salto hacia una orientación madura: aquella en la que el deportista comienza a pensar, decidir y competir como un verdadero orientador.
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