Desarrollo de la memorización en jóvenes orientadores

Aplicación práctica del entrenamiento noruego

Leer el mapa en carrera es el objetivo, pero ¿entrenamos de verdad lo que ocurre cuando no se puede mirar?

La memorización es una técnica que permite al orientador interiorizar los elementos más importantes que se irá encontrando por el camino. Como consecuencia, necesitará observar el mapa en menos ocasiones y podrá mantener la atención centrada en la progresión y el desplazamiento.

Un orientador experimentado es capaz de generar un esquema mental del mapa, discriminando gran parte de la información y reteniendo únicamente aquella que resulta realmente relevante para llegar al punto. Este proceso de lectura, simplificación y retención le permite alcanzar una mayor fluidez y una mejor punta de velocidad, recortando segundos en cada tramo sin perder precisión.

Entrenar esta habilidad desde edades tempranas es especialmente importante. La memorización puede desarrollarse de forma progresiva, independientemente de la edad o el nivel del deportista, siempre que se adapte la dificultad del ejercicio al tipo de mapa y al terreno utilizado. Es habitual comenzar en mapas urbanos o de sprint sencillos y, de forma progresiva, trasladar este trabajo al bosque. No obstante, conviene entrenarlo en escenarios variados para favorecer un desarrollo técnico más completo del joven orientador.

Dentro de este planteamiento, el entrenamiento específico de memorización —conocido popularmente como entrenamiento noruego— se presenta como una herramienta especialmente eficaz para desarrollar esta capacidad de manera estructurada y directamente transferible a la carrera real.

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Fase de DESARROLLO del proceso de ENSEÑANZA-APRENDIZAJE de la técnica (II)

FASE DESARROLLO (9-12 años): consolidar la base técnica y la autonomía del joven orientador

Tras la fase inicial, en la que los niños comienzan a descubrir el mapa y el entorno desde el juego y la exploración guiada, llega un momento clave en su evolución deportiva: la fase de desarrollo. Entre los 9 y los 12 años se sientan las bases técnicas y cognitivas que permitirán al joven orientador avanzar hacia una práctica más autónoma, consciente y precisa.

En este periodo, el aprendizaje adquiere un carácter más estructurado. Los deportistas ya poseen una comprensión básica del mapa y del espacio, por lo que pueden empezar a integrar nuevas herramientas y conceptos, como la brújula, la lectura del relieve o la toma de decisiones entre distintas rutas. Todo ello se trabaja manteniendo una fuerte conexión con el componente lúdico y motivacional, esencial para consolidar el interés por la orientación y favorecer el desarrollo de la autoconfianza.

La progresión técnica se apoya en la transición desde elementos lineales claros hacia referencias más sutiles, y en el inicio de la lectura en movimiento. Paralelamente, el entrenamiento comienza a incorporar capacidades físicas básicas adaptadas a la edad —como la velocidad, la resistencia o la fuerza—, que facilitan la ejecución de las tareas técnicas y la comprensión del esfuerzo.

En este artículo se detallan los objetivos, saberes y actividades propios de esta fase, junto con las recomendaciones cartográficas, ejercicios tipo, criterios de transferencia competitiva y una rúbrica de evaluación del desempeño que permite valorar el progreso del joven orientador de manera objetiva y formativa.

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Fase inicial del proceso de ENSEÑANZA-APRENDIZAJE de la técnica (I)

En artículos anteriores hablamos del desarrollo armónico de los pequeños orientadores desde un modelo de escuela multidimensional, centrado en diversas áreas del desarrollo (físico-motor, técnico, psicológico, social y de liderazgo). Dimensiones que están vinculadas entre sí, y cuyo trabajo influye claramente en el resto. 

Conocer la etapa de aprendizaje de nuestros deportistas y definir los objetivos, recursos y metodología de entrenamiento adecuada para su nivel o edad es esencial para garantizar una experiencia enriquecedora. Desde el punto de vista técnico, el éxito en el desarrollo deportivo radica en una progresión gradual y ordenada de habilidades, donde cada etapa sirve como base para la siguiente. Respetar este proceso es fundamental para garantizar un avance sólido, efectivo y sostenible en el desempeño de los deportistas.

En este sentido, planteo una progresión basada en los modelos clásicos, estableciendo un criterio alineado con los sistemas educativos actuales, y centrado en el trabajo realizado por la federación sueca y la británica. Los límites cronológicos están basados en las etapas educativas obligatorias de nuestro país, y los fundamentos psicoevolutivos del desarrollo armónico de la niñez a la adolescencia. Es por ello que cabe resaltar que estas edades son orientativas, y pueden entrar en conflicto con otros planteamientos ya publicados. Es evidente que, la progresión en el aprendizaje no es lineal, y presenta claramente ritmos distintos para cada deportista. 

En conclusión, se presenta una progresión fundamentada en tres periodos de la enseñanza-aprendizaje de la técnica en orientación. En cada una de las fases se detallan los objetivos y saberes que se deberían desarrollar, los tipos de mapas y terrenos más recomendables, propuestas de entrenamiento o actividades para trabajar, su transferencia a la competición, y un instrumento modelo para la evaluación del desempeño.

  • Fase Inicial (7-10 años) 
  • Fase de Desarrollo ( 9-12 años)            
  • Fase de Pre-perfeccionamiento (13-16 años)

FASE INICIAL (7-10 años)

Objetivos: 

  • Comprender que el mapa es un dibujo simplificado de un terreno.
  • Orientar el mapa en relación al entorno.
  • Crear un interés y gusto por el deporte de orientación.
  • Seguir elementos lineales fáciles (vallas, caminos, muros,…) 
  • Reconocer y diferenciar los colores en un mapa por grupos (Ej.: elementos de agua). 
  • Doblar el mapa y seguir con el dedo. 
  • Buscar controles sin elección de ruta. 
  • Conocer los elementos básicos para la práctica de orientación: balizas, códigos, tarjeta o pinza de control, descripción de control,…
  • Conocer cómo está marcado un recorrido en el plano y la señalización propia en el terreno. 
Figura 1.  Interpretación y orientación del mapa según terreno
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Entrenamiento multitécnica

Combinar el trabajo de distintos aspectos técnicos en el entrenamiento de orientación es bastante común. La razón puede venir fundamentada por la necesidad que tiene para nuestro deporte tener que aprovechar al máximo los terrenos que visitamos, y el tiempo que supone para nosotros desplazarnos hasta ellos. Es por ello que los técnicos hacemos lo posible para que esos momentos de calidad con el objetivo de desarrollar la técnica de los deportistas sea lo más rentable y fructífera posible.

Sin embargo, otras pueden ser las razones que nos lleven a utilizar este tipo de propuestas de manera positiva:

  • Aprovechamiento máximo de mapas a nuestro alcance.
  • Exigencia mental y adaptación variabilidad de estímulos en una misma sesión.
  • Motivación por la diversidad de retos.
  • Adaptación e individualización según las características de los deportistas.
  • Posibilidad de trabajar diferentes objetivos en una misma sesión.

Evidentemente, estamos ante un tipo de entrenamiento que tiene varios objetivos en los que no podremos profundizar como si lo hiciéramos por separado. Pero sí que podemos trabajar en los jóvenes su capacidad para cambiar rápidamente los procesos mentales necesarios cuando el mapa exige una serie de técnicas o habilidades concretas. Combinado así, podemos desarrollar esta adaptación al medio.

Parece que las bondades de este tipo de entrenamiento sean más que suficientes para incorporarlas a nuestra caja de entrenamiento como entrenadores, pero no debemos olvidar otra serie de aspectos ciertamente limitantes a la hora de plantearlos, como por ejemplo la necesidad de conocimientos TICs especializados (OCAD, Purple, O-map,…), el tiempo de preparación o el requerimiento de mapas con variedad de zonas de características bien diferenciadas.

A la hora de diseñarlos, debemos tener en cuenta que el mapa que utilicemos, bien sea de bosque o urbano, ha de tener esas zonas que nos permitan desarrollar los objetivos planteados. Una vez elegido, las variantes que pueden incluirse en este tipo de entrenamientos pueden ser múltiples. A continuación se proponen algunos ejemplos:

  • Rumbos.
  • Ventanas.
  • Rumbos.
  • Cambios de dirección.
  • Memorización punto a punto.
  • Control picking.
  • Anticipación (descripción de control).
  • Orientación somera/precisa
  • Elección de rutas.
  • Pasillos.
  • Etc.

Propuesta de entrenamiento multitécnica para iniciación

En el ejemplo que a continuación se adjunta, se plantea un entrenamiento multitécnica con cuatro variantes, en un mapa urbano de características muy diferenciadas.

Variante 1:

La sesión empieza en una zona reducida con controles próximos entre sí, en la que el orden en el mapa se desconoce, pero viene determinado en la descripción de controles, por lo que se deberá leer de antemano para anticipar su visita, y realizarlas correlativamente.

Variante 2:

A continuación se progresa por un pasillo en el que los deportistas podrán encontrar un número de balizas secreto que no vienen marcadas en el mapa, y que al final del recorrido deberán dibujar en el mapa. La precisión en la lectura para evitar salir del pasillo, condicionará el éxito a la hora de encontrar las balizas fantasma.

Variante 3:

En un tercer momento, los aprendices deben hacer un buen uso de la brújula, trazando rumbos exactos en un mapa en blanco. Los ángulos de entrada y salida al control deberán de ser variados para provocar ese cambio de dirección que nos interesa. En este ejercicio, los orientadores deberán talonar o estimar la distancia recorrida para no quedarse cortos o sobrepasar el control.

Variante 4:

Por último, nos enfrentamos a unos controles, que requieren la mejor elección de ruta. En este caso, son balizas que tienen diferentes opciones a la hora de ser abordadas. Aspecto importante en los mapas de sprint. Esta tarea final cierra el entrenamiento a ritmo y características semejantes a la competición.

Ejemplo de entrenamiento multitécnica urbano

Como se puede apreciar en el ejemplo, se trata de un entrenamiento altamente estimulante para los aprendices, a la vez que exigente desde el punto de vista de su planificación como entrenadores. Estos deben tener un protagonismo relevante en momentos puntuales de la temporada, ampliando nuestro abanico de propuestas en las sesiones de calidad semanales.

El desafío en la enseñanza del joven orientador 

Llevamos tiempo reflexionando sobre las carencias que nuestro deporte presenta en relación a la escasa promoción de base y la dificultad de transferencia de nuevos orientadores al formato federado y de competición. La fórmula para conseguir enganchar a un buen número de niños y jóvenes que en un futuro puedan practicar de una forma regular nuestra disciplina, es sin duda uno de los principales objetivos que las escuelas, clubes y federaciones, debemos plantearnos.

Son varias las propuestas que se han ido implementando paralelamente a la competición y el entrenamiento a lo largo de la breve historia de este deporte en nuestro territorio. La formación de monitores, la inclusión en el currículo educativo, las pruebas escolares, los campamentos y campos de entrenamiento, las propuestas didácticas o la producción de manuales prácticos de ejercicios y actividades para dar los primeros pasos en la orientación, son algunas de las iniciativas que en cuentagotas, van dando sus frutos. Sin embargo, en la mayoría de casos, el resultado del esfuerzo invertido es poco alentador, más allá de la experiencia que el joven pueda llevarse.

Para comprender a qué nos enfrentamos, y cuál es nuestro papel como formadores, deberíamos empezar por analizar la naturaleza de nuestro deporte. Tan simple como profundizar en su definición:

La orientación es un deporte que combina tanto elementos físicos como mentales. La idea básica en orientación es ir desde el punto inicial al punto final de un recorrido, visitando cierto número de puntos de control intermedios, en un orden predeterminado, con la única ayuda de un mapa y una brújula. Se debe elegir la mejor ruta posible en función de las características del terreno, las condiciones físicas y mentales del corredor y sus conocimientos técnicos con el objeto de realizar el recorrido en el menor tiempo posible. El orientador debe navegar y tomar decisiones rápidas mientras corre a gran velocidad.

Si bien se trata de una definición detallada, cualquier menor que desee iniciarse en esta disciplina, y fuese capaz de entender lo que significan verdaderamente estas líneas, quedaría abrumado, y probablemente descartaría adentrase en este complicado mundo del mapa y la brújula. Es por ello que, una de nuestras primeras tareas como entrenadores sería descalzarnos las zapatillas de clavos, y transformar esta atmósfera compleja, en un contexto amable, lúdico y aventurero. 

Decir que la orientación es una actividad física en el medio natural, hoy sabemos que es una verdad a medias. Cierto es que su naturaleza original está en los bosques, pero no podemos obviar, que a lo largo de los últimos años, hemos experimentado un crecimiento exponencial de la actividad, en medios humanizados y urbanos. Y que muy probablemente, sea esta una de las líneas de desarrollo más importantes que tengamos en el horizonte a nivel deportivo. 

Pese a todo, nuestro valor a nivel educativo, se sigue sustentando en este pilar fundamental que es el entorno natural, entendido como un medio sanador de las patologías derivadas del mundanal estrés urbanita. También han vivido esta evolución otros deportes como la escalada, de la que fuimos de la mano para lograr penetrar en el nutrido currículum del área de educación física. A nuestra paralela, esta adaptación más artificial, ya le ha valido para mejorar su visibilidad, y lograr el estatus de olímpica. 

En consecuencia, estamos ante una oportunidad de oro, para reivindicar nuestro deporte, por las bondades que le otorga su “cancha de juego”. Sin olvidar el complejo entramado de habilidades que requiere su práctica y los beneficios para el desarrollo armónico de niños y jóvenes, en todas sus dimensiones. 

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¡Pon orden en la descripción de controles!

El trabajo bien hecho antes de llegar a la baliza. No me cansaré de recordar a los orientadores nóveles que a la baliza hay que llegar con los deberes hechos. Eso supone realizar varias tareas: elegir la ruta más óptima, buscar un punto de ataque, simplificar la cartografía,…

Una de estas importantes tareas es la de leer y comprender la descripción del control cuando salgo del punto anterior. La elección de la ruta o el punto de ataque, pueden estar condicionadas por esta simple, pero importante acción. Imaginad que no he hemos leído la descripción, y me encuentro al otro lado de una valla impasable cuando he llegado al círculo, ¿qué hacemos ahora? Es probable que se nos escape un tiempo muy valioso.

Como siempre, y para evitar estos errores, introduciremos todo tipo de juegos, dinámicas, y cualquier ejercicio que nos ayude a que los niños aprendan la simbología de los controles y su interpretación. Podemos hacerlo de muchas maneras, y siempre tendremos la oportunidad de instruirlos de forma magistral y directa en un aula, a base de ejemplos y memorización. Sin embargo, a mi me gusta combinar este aprendizaje con otros aspectos en los entrenamientos.

Ordena la descripción de controles

La actividad que planteo consite en realizar un recorrido en línea adaptado al nivel que tengan los aprendices, añadiendo una descripción de controles detallada, pero sin códigos de baliza ni orden establecido. Los chicos deberán ir a cada control, y elegir entonces, a qué descripción corresponde, y señalarlo en la plantilla.

En las etapas iniciales, utilizaremos elementos comunes y de fácil visualización. Podemos incluir el texto de apoyo correspondiente para facilitar la tarea. Si tenemos varios niveles, podemos diseñar recorridos de diferente distancia y complejidad técnica. Separando los controles de caminos o elementos lineales, buscando puntos que tengan varios elementos iguales dentro del mismo círculo, eligiendo elementos impasables que obliguen a entrar a la baliza por una única dirección,…

Material necesario para la sesión

La iniciación al manejo de la brújula y los rumbos

Uno de los temas que más debate genera en la iniciación del deporte de orientación suele ser cuándo es el momento idóneo en el que debemos introducir el manejo de la brújula.

Todos sabemos que se trata de un instrumento muy valioso que nos ayudará fundamentalmente a orientar el mapa y a tomar rumbos de forma precisa. Sin embargo, debemos tener presente que, el conocimiento del mapa y sus elementos, ya es una cuestión compleja que en las primeras fases del aprendizaje requieren de la máxima atención por parte de los niños.

     Imagen 1: orientadora trazando rumbos en estrella (Campamento Fontalbres 2019)

En este sentido, debemos priorizar el dominio del mapa antes de incluir más elementos que puedan desviar la atención de los jóvenes. Recordemos que en las primeras etapas de competición, los trazados de los más pequeños están diseñados para que estos sean capaces de moverse a través de circuitos circulares, por medio de elementos lineales, y cambios de dirección sutiles. Siempre pensados para que no necesiten utilizar la brújula.

Es por ello que mi recomendación es que no tengamos prisa en incluir en nuestros entrenamientos o clases esta herramienta, y nos aseguremos que nuestros aprendices adquieren previamente habilidades como: orientar el mapa con elementos del terreno, doblar el mapa y seguir con el pulgar, moverse por caminos y sendas sin dificultad,… antes de añadir más complicaciones.

Dicho esto, definiría dos momentos clave para empezar a familiarizar a los pequeños orientadores en el uso de la brújula. Estas fases coinciden con las técnicas  básicas que hemos definido anteriormente.

En un primer momento, aconsejo el uso de brújulas de muñeca (imagen 2). Son aquellas que se han popularizado gracias a modalidades como la MTB-O, y cuya finalidad es simple: orientar el mapa. Un niño que empieza en nuestro deporte no necesita más. De esta forma, se familiarizará con dicho instrumento, y adquirirá de forma natural la técnica.

     Imagen 2: brújula de muñeca (www.tiendaorientación.com)

Aunque puede ser controvertido, la experiencia me dice que evitemos, a ser posible, las brújulas planas o transportadoras que tanto hemos utilizado en nuestros inicios. Para mí hay dos motivos fundamentales:

  1. El primero es que son incómodas. Especialmente para el manejo de las pequeñas manos de nuestros pequeños orientadores. Son un incordio para correr. Suelen enrollarse en las muñecas o colgarse del cuello, y su estabilidad para colocar sobre el mapa requiere de un dominio extra. Esto supone otro factor de dispersión que no interesa a estas edades.
  2. Otro de los motivos es evitar un paso previo al uso de la que debería ser la brújula definitiva (de dedo). ¿Por qué perder tiempo aprendiendo a usar una brújula que no es tan práctica y que en poco tiempo sustituiremos? Llevar el mapa y la brújula en pack es fundamental. Además, ya podemos encontrar en el mercado brújulas adaptadas al tamaño de los dedos de nuestros orientadores noveles.

El aprendizaje con la brújula de dedo para trazar rumbos, permitirá al joven centrarse básicamente en la aguja magnética, haciéndola coincidir con el norte del mapa, visualizando el rumbo a seguir. Evitando así, pasos intermedios que ralentizan el dominio de la técnica. Y en algunos casos, confundan al principiante.

Para esta progresión natural de la adquisición de técnicas orientadas al manejo de la brújula y la toma de rumbos, destaco algunos ejercicios que son especialmente interesantes:

Rumbos en estrella

Espacio: parque o campo despejado.

Material necesario: mapas con varios trazados en estrella (diferentes niveles) y brújula por participante.

Duración: 60 minutos

OBJETIVOS:

  • Aprender a utilizar la brújula.
  • Practicar el rumbo.
  • Apreciar distancias.

Desarrollo:

En grupos por niveles, distribuiremos a los alumnos escogiendo la estrella que mejor se adecue a sus características, para ir progresando en la utilización de la brújula y la toma de rumbo.

Desde el triángulo central de la estrella, realizaremos una demostración de la brújula y cómo debemos tomar rumbo. Cada alumno practicará yendo a distintas balizas y siempre volviendo al triángulo central dónde recibirá algo de retroalimentación o ayuda del técnico, en caso de que sea necesario. 

Según vayamos viendo cómo se desenvuelve el grupo, podemos cambiar de estrella o incluso enviar al alumno a buscar 2 o 3 balizas antes de volver al triángulo central.

Imagen 3: mapa maestro de rumbos en estrella (Casal, R.)

Otra de las posibilidades, si no queremos llevar a los principiantes al bosque para sus inicios en el trazado de rumbos, es utilizar un entorno más seguro, sin demasiados obstáculos que varíen la trayectoria hasta el control, y con buena visibilidad.

Recorrido de rumbos en un parque

Espacio: parque o zona despejada.

Material necesario: mapa con varios trazados en línea pero con cambios de dirección constantes (diferentes niveles) y brújula por participante.

Duración: 20 minutos

OBJETIVOS:

  • Realizar recorridos con el único apoyo de la brújula (sin cartografía).
  • Practicar el rumbo.
  • Apreciar distancias.

Desarrollo:

Los alumnos realizarán distintos recorridos según nivel, en una zona de parque sin demasiados elementos que impidan ir directo al control. La buena visibilidad del entorno les facilitará tomar como referencia el posible elemento al que deben llegar. Podemos usar balizas o marcas pequeñas, que no destaquen demasiado en el terreno, aunque si sembramos el espacio de faroles, tampoco sería una mala decisión, puesto que esto les obligará a discriminar y prestar atención, para centrarse en la que presumiblemente es la baliza correcta.

Imagen 4: ejemplo de recorrido sin cartografía.        

Por último, si no tenemos la posibilidad de utilizar un mapa, o de desplazarnos a él, podemos desarrollar estas habilidades ligadas a la brújula, por medio de entrenamientos simulados de rumbos que se adapten a cualquier entorno. 

Rumbos simulados

Espacio: pista o explanada pequeña.

Material necesario: recorridos (diferentes niveles) y brújula por participante.

Duración: 20 minutos

OBJETIVOS:

  • Aprender a utilizar la brújula.
  • Practicar pequeños rumbos en espacios reducidos.
  • Acostumbrarse a los cambios de dirección constantes (concentración).

Desarrollo:

En una pista o explanada, formaremos un rectángulo con seis conos y sus códigos de control, tal y como se puede ver en el esquema maestro (imagen 7). Trazaremos diferentes recorridos de forma que solo pongamos atención al ángulo entre los tramos, para que trazando un rumbo con la brújula lleguemos siempre a uno de los controles. La longitud del tramo no importa. Esta vendrá definida por el espacio que tengamos para que no se superpongan unos círculos con otros (imagen 6).

Tanto la salida (triángulo), como la meta (doble círculo) deben ser coincidentes. De esta forma, nuestros alumnos sabrán si han hecho correctamente el recorrido.

  Imagen 6: ejemplo de recorrido de rumbos simulado (Casal, R.)
Imagen 7: Esquema de conos, códigos de control y corrector Rc.C (Casal, R.)

Seguir la línea

En la búsqueda de ejercicios para la lectura precisa de los jóvenes orientadores, SEGUIR LA LÍNEA se encuentra entre una las mejores propuestas para su desarrollo. Promueve la lectura constante de los detalles del mapa, obligando a los niños a llevar en todo momento el mapa orientado y a poder utilizar la técnica del pulgar, de la que hablamos en publicaciones anteriores.

La actividad consiste en seguir una línea pintada en el mapa, donde irán apareciendo los controles a lo largo del recorrido. Para ello, la velocidad de la marcha, deberá permitir leer el mapa con seguridad en todo momento.

En su preparación, planteo varias opciones o niveles de dificultad, según la competencia técnica de nuestros orientadores.

Para la primera, los mapas de los alumnos no presentará ningún círculo magenta que localice los controles (Imagen 1). Si los orientadores siguen perfectamente la línea, irán encontrando una tras otra, las balizas que se han distribuído a lo largo del recorrido. En este caso, la dificutad se irá incrementando según el terreno elegido, desde contextos urbanos más sencillos a mapas de bosque más complejos. La dificultad también se puede ir incrementando modificando la ruta de la línea, pasando de sendas y caminos, a trazados campo a través.

Imagen 1: Recorrido Sigue la línea sin puntos

Una variante interesante es que los chavales marquen en el mapa el punto exacto del recorrido donde han encontrado la baliza. Se pueden añadir puntos de penalización en caso de que no encuentren las balizas o por errores en el marcaje. también podemos dejarles que vuelvan a realizar el recorrdio para iniciar un nuevo barrido y completar así los puntos que no han encontrado en la primera pasada.

No se trata de un ejercicio del todo sencillo, por lo que podemos idear una variante más fácil de este ejercicio, dibujando los círculos correspondientes a los controles que hemos colocado (Imagen 2). De este modo, los chicos podrán conocer la situación exacta de las balizas. Otra posibilidad, es colocar cintas de prebalizado a lo largo del recorrido, de modo que los niños se sientan más seguros.

Evitaría a toda costa el cronometraje de este ejercicio, pues influiría negativamente en los objetivos que perseguimos, desconcentrando a los jóvenes en la lectura detallada del mapa.

Imagen 2: Recorrido Sigue la línea con puntos

A rumbo!

En orientación debemos utilizar la brújula para definir un rumbo. El rumbo nos marcará la dirección a seguir para desplazarnos hacia nuestro siguiente destino. Adquirir soltura a la hora de manejar la brújula en carrera no es una tarea sencilla. Simplificar la técnica para tomar rumbos y perder el menor tiempo posible, sin trazar rumbos erróneos o desviando excesivamente el ángulo de nuestro desplazamiento, es una habilidad que se puede trabajar desde edades tempranas.

Uno de los ejercicios que mejor funciona, consiste en colocar una serie de balizas o conos en un terreno más o menos plano y sin elementos que impidan los desplazamientos de un punto a otro. La superficie de terreno a utilizar dependerá del espacio disponible, pero esta no debe ser más grande de la que impida ver los límites del juego, desde cualquier parte. El número de balizas puede ser variado. A los controles no les pondremos código ni nigún tipo de elemento para marcar el paso. Por ese motivo, podemos colocar cualquier elemento que sea llamativo y se vea desde cierta distancia.

Los orientadores dispondrán de un mapa en el que únicamente tienen representado el recorrido en línea y las líneas azules de norte-sur. De este modo, no tendrán más remedio que utilizar la brújula para llegar a su destino. Desde el triángulo de salida, en cada trayecto, trazarán el rumbo correspondiente para llegar al siguiente punto. Caminando o trotando -según la habilidad que vayan adquiriendo- enlazarán los diferentes puntos, hasta llegar a meta. Podemos elaborar diferentes recorridos para ofrecer alternativas y adaptar mejor la propuesta.

A la hora de elaborar este tipo de trazados podemos seguir una serie de pasos:

  1. Elegir un terreno despejado y con poco desnivel.
  2. Asegurarnos de que el mapa está correctamente referenciado y guarde las proporciones reales.
  3. Señalar el triángulo y la meta del recorrido.
  4. Pintar en el mapa los puntos en elementos que después en el terreno podamos asegurar su correcta colocación.
  5. Trazar diferentes recorridos, uniendo los puntos que hemos elegido previamente.
  6. Borrar la capa del mapa, dejando únicamente la línea azules de norte-sur. Podemos poner las flechas o pintar la N de norte para facilitar a los niños su orientación.
  7. Finalmente, imprimimos los recorridos y ¡a jugar!

No olvides sacar el mapa maestro con todos los puntos y el mapa base para poder colocar correctamente las balizas en el terreno.

El Zorro

El Zorro es un ejercicio que permite al entrenador controlar en todo momento la evolución de los jóvenes orientadores. El entrenador camina tranquilo a lo largo de la línea discontínua, como si de un «control móvil» se tratara. Los alumnos saldrán en busca de uno de los puntos, y volverán a buscar al entrenador, con el que chocarán la mano y le informarán verbalmente del código que tiene la baliza. Seguidamente, irán a buscar un nuevo control, y regresarán nuevamentes a buscar el «control móvil» ( El Zorro).

El recorrido puede ser en score (sin orden definido), así los alumnos podrán salir todos a la vez, en busca de balizas diferentes. Poco a poco los orientadores irán completando todos los puntos. La parte positiva del ejercicio es que el dinamizador puede ir dando instrucciones y correciones de forma constante, teniendo un mayor control de la actividad y del progreso de los niños.

Siempre que contemos con niveles diferentes en un mismo grupo de entrenamiento, podemos diseñar diferentes recorridos, simplificando el número de controles y su dificultad o distancia.

Polideportivo Francisco Laporta- Alcoy

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